
Autismo
Doctora Sara Setti - Neuróloga
Autismo
En la medicina convencional, el diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista (TEA) suele presentarse como un punto final: se etiqueta, se clasifica y se inicia una terapia conductual. Sin embargo, desde la perspectiva de la medicina de precisión, estamos obligados a formular una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿y si el autismo no fuera la causa, sino el síntoma?
Para comprender esta posibilidad, primero debemos desaprender parte de lo que creemos saber. El autismo no es una entidad biológica única; es un diagnóstico clínico construido exclusivamente a partir de la observación de conductas. En este sentido, el autismo es al neurodesarrollo lo que la fiebre es a la medicina interna o la tos a la neumonía: una manifestación visible de procesos subyacentes que aún no han sido plenamente explorados.
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Autismo
Doctora Sara Setti - Neuróloga
¿Diagnóstico final o un punto de partida?
Se etiqueta, se clasifica y se inicia la terapia conductual. Sin embargo, desde la perspectiva de la medicina de precisión ...
El diagnóstico como síntoma:
La analogía de la fiebre
Cuando un niño llega a consulta con 39 °C, ningún médico honesto diría simplemente:
“Su hijo tiene ‘Síndrome de Hipertermia’, aprenda a convivir con ello”.
La fiebre no es la enfermedad; es la respuesta del cuerpo ante un agresor que aún no hemos identificado. Puede tratarse de una infección viral, bacteriana, una inflamación autoinmune o un desbalance metabólico.
Con el autismo ocurre lo mismo.
Decir que un niño tiene conductas repetitivas o desafíos sociales “porque tiene autismo” es una tautología que frena la investigación médica. El diagnóstico de TEA describe un síntoma, pero no nos dice qué está sucediendo en la biología de ese niño en particular. Este enfoque limitado nos encierra en el reduccionismo clínico-farmacológico y nos cierra puertas a tratamientos que podrían marcar la diferencia.
El cerebro bajo ataque: La conexión neuroinmunológica.
Si aceptamos que el autismo es un conjunto de síntomas, nuestra misión es buscar la causa subyacente. Aquí es donde la neuroinmunología aporta respuestas que la psiquiatría tradicional a menudo pasa por alto.
Un ejemplo claro son los cuadros de PANDAS (Trastornos Neuropsiquiátricos Autoinmunes Pediátricos Asociados a Estreptococo) y PANS (Síndrome
Neuropsiquiátrico Pediátrico de Inicio Agudo).
En estos casos, el sistema inmunitario, al intentar defenderse de una infección (ya sea estreptococo, Lyme, virus de Epstein-Barr o incluso factores ambientales) comete un “error táctico”: ataca los ganglios basales en el cerebro.
El resultado es una inflamación cerebral que se manifiesta con:
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Regresión súbita en el lenguaje o habilidades sociales.
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Aparición de tics o comportamientos obsesivo-compulsivos.
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Ansiedad de separación intensa.
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Restricciones alimentarias.
Muchos de estos niños terminan con la etiqueta de “autismo” o con un empeoramiento de síntomas preexistentes, cuando en realidad lo que padecen es una encefalitis autoinmune postinfecciosa. Si tratamos solo la conducta (el síntoma) y no la neuroinflamación (la causa), estamos privando al niño de una recuperación real.
Medicina de Precisión: Dejar de adivinar para empezar a medir
La medicina de precisión no se conforma con etiquetas descriptivas. No tratamos “autismos”; tratamos niños con sistemas biológicos individuales. Esto implica analizar:
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Eje intestino-cerebro: ¿Existe una disbiosis que produzca metabolitos neurotóxicos?
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Carga tóxica y estrés oxidativo: ¿Está el sistema de desintoxicación del niño colapsado?
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Disfunción mitocondrial: ¿Tienen las neuronas la energía necesaria para procesar información y conectarse?
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Neuroinflamación crónica: ¿Hay una respuesta inmune persistente atacando el tejido cerebral?
Conclusión: Un cambio de paradigma
Es hora de elevar la conversación. Comprender el autismo significa reconocer que el diagnóstico clínico es solo el comienzo de la investigación, no un veredicto final. Cuando dejamos de ver el autismo como un destino inevitable y empezamos a considerarlo como una señal de un desbalance biológico (ya sea por PANS, PANDAS u otras disfunciones metabólicas) abrimos la puerta a tratamientos que realmente cambian vidas.
Porque cuando identificamos y abordamos la raíz del problema, el cerebro, liberado de la carga inflamatoria, tiene la oportunidad de sanar y conectar.

